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No. España no es un país en el que los pedidos de café para llevar sean lo habitual. Esto no quiere decir que en un futuro no muy lejano, la tendencia se invierta, pero lo cierto es que el ‘coffee to go’ es un modelo en expansión que crece de manera pausada y que imita lo que lleva años triunfando en los países anglosajones y asiáticos, más concretamente en Japón.

Y aunque el ‘take away’ en el mundo del café debería ir obligatoriamente ligado al vending, todavía hay que irse a las grandes cadenas especializadas que han logrado promocionar e incluso apropiarse de la cultura del café para ver los mejores ejemplos de cómo se está trabajando esta forma de consumo asociada a un público joven, target que parece mucho más familiarizado que el consumidor habitual.

El ‘coffee to go’ no es un extraño en cafeterías como Starbucks o Costa Coffee, mientras que en las máquinas de vending de gran formato la experiencia está aún lejos de ser una imagen común, estampa que por otra parte sí empieza a proliferar en otro tipo de negocios, más cercano al modelo nórdico donde este tipo de café para llevar “se puede encontrar en panaderías, tiendas de conveniencia, gasolineras y pequeños espacios multiservicio”, como nos comentaba en su momento Erwin Wetzel, director de la Asociación Europea de Vending, que seguía apreciando grandes diferencias entre el norte y el sur de Europa, y más concretamente Italia y España.

Junto a nuestro vecinos italianos somos más del café en el bar o la cafetería, porque se asocia con un momento de disfrute que hay que tomar con calma, incluso con deleite, algo que parece estar reñido con el vaso de gran formato al que vamos dando sorbos en el metro, el autobús o mientras caminamos por la calle. Sin embargo, que sea “para llevar” no necesariamente tiene que ser para que se consuma en movimiento, es más y por eso se asocia a un nuevo tipo de consumidor, puede ser un café que se toma tranquilamente en un banco del parque mientras se disfruta del aire libre y se le exige que sea una bebida premium.

Hay que desterrar de una vez esa idea de que el ‘coffee to go’ es un simple trámite en el que se consume de cualquier manera y en el que vale cualquier producto. Falso. Las exigencias son otras, al igual que los matices de esos nuevos consumidores o los antiguos que quieren otras experiencias y que no necesitan sentarse en una terraza para disfrutar de una de las bebidas más consumidas en el mundo.

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